“Hoy día amo con más respeto”
Con los años, Constanza Grisanti aprendió a respetar sus tiempos, confiar más en su intuición y elegir dónde quiere estar y con quién. En su casa, rodeada de plantas, animales y familia, habla de belleza, amor, pareja y de una madurez que le ha permitido vivir con menos exigencias y más libertad.
Por Equipo Nilo
La casa de Constanza Grisanti dice bastante de cómo es su espíritu. Amor por las plantas que están por todas partes, por los animales que circulan libremente de un lado para el otro y espacios pensados para contemplar la belleza y encontrar la calma en ella. También le gusta invitar, tener cerca a la gente que quiere y pasar temporadas más tranquilas en el vivero, uno de los proyectos que comparte con su marido, Pato Correa.
Su relación con la belleza también cambió. Ya no la entiende desde lo puramente estético. “Es como una forma de vida, como mirar el mundo en bello. Y si yo puedo transformar situaciones que son más difíciles en belleza, ya está pagado”. Con los años, cuenta, aprendió a detenerse y a encontrar respuestas en la naturaleza y los animales, por lo mismo es su compromiso con la fundación de perros rescatados @Fucanchile a los que les dedica alma, vida y corazón.
¿Qué queda de la Constanza de los 20 y qué apareció con los años?
Sigue muy presente mi tema social, estar a disposición de otros y abrir puentes en distintas situaciones. Lo que ha aparecido es confiar más en mí misma, en mi intuición, ser más segura y poder decidir que hay veces en que no quiero hacer algo.
Antes sentía mucho esta cosa de tener que cumplir, ser profesional, ser eficiente. Hoy puedo respetar más mis tiempos. Puedo decidir estar en el vivero una temporada más tranquila y hacerlo sin culpa. También puedo decir que no, aunque alguien se enoje. Es estar donde quiero estar y con la gente que quiero estar.

¿Y cómo amas hoy?
Con más respeto. Antes quería que todo fuera perfecto y era mucho más ansiosa. Por ejemplo, le pedía algo a Pato y si no lo hacía inmediatamente, terminaba haciéndolo yo. Hoy entiendo que él tiene sus tiempos y trato de respetarlos.
También cambia la pareja cuando pasa la etapa más intensa de la crianza. En esos años uno está mucho más concentrado en criar que en ser pareja. Hoy tenemos más tiempo para nosotros, podemos irnos un fin de semana solos o estar en la casa, cada uno haciendo lo suyo, y después encontrarnos y conversar. Hay más libertad.
¿Y la pasión? ¿Cómo se mantiene?
Para mí está muy ligada al respeto. Si pierdo el respeto por alguien, pierdo la pasión. Con Pato hemos tratado de mantener proyectos y cosas que nos gustan juntos. El vivero, por ejemplo, es un proyecto de los dos.
También voy a alimentar perros del cerro San Cristóbal, donde tenemos un banco de alimento, y muchas veces él me acompaña. Hacer cosas juntos mantiene ese vínculo. Para mí es importante que cada uno tenga su mundo, pero que también sigamos construyendo proyectos en común.

Tu casa parece tener mucho que ver con esta etapa. ¿Cómo ha cambiado contigo?
Hoy me gusta mucho más estar en mi casa, por eso he armado distintos espacios para vivirla. Quiero que todos se usen. Los animales están incluidos y el vivero ha terminado inundando la casa de plantas.
Me gusta invitar, disfrutar este espacio y tener cerca a la gente que quiero. También he aprendido que hay amigas que son de la vida y que otras personas van quedando más lejos. Pero la naturaleza, los animales y mi familia tienen que estar siempre en mi vida.

Vivimos en una cultura bastante obsesionada con la juventud. ¿Qué valor encuentras en aquello que envejece bien?
La naturalidad, la naturaleza, ser auténtica. Querer cada una de las arrugas y de las canas. Eso no significa echarse a perder, sino disfrutarlas e integrarlas como parte de la belleza de mis años.





Colaboración
Alōs
Estudio de diseño y curaduría de vestuario boutique que trabaja en colaboración con costureras y artesanas en Sudamérica.

