“Tomen conciencia de quienes son, quiéranse y atrévanse”
Rosa Parson cuenta que a los 50 años aprendió a disfrutar de su sexualidad y de su sensualidad. Para ella la madurez no va con perder belleza, deseo ni posibilidades. Al contrario, es una etapa de mayor libertad, en la que una mujer deja de responder a las expectativas externas y comienza a reconocerse desde un lugar más auténtico.
Por Equipo Nilo
Cercana, cariñosa e irradiando su elegante belleza, la modelo y empresaria Rosa Parson habló con Nilo sobre la madurez, la belleza, el amor, el duelo y la posibilidad de reinventarse después de los 50. Una etapa que, asegura, le ha permitido sentirse más cómoda con quien es y disfrutar su vida desde un lugar muchísimo más libre.
¿Qué significó para ti cumplir 50 años?
Siento y creo que las mujeres vamos evolucionando constantemente. Ahora, sí se produce un cambio importante desde los 50 hacia adelante porque genéticamente venimos programadas para tener cambios físicos, y eso pasa por la menopausia. Tenemos cambios hormonales que nos hacen estar y sentirnos distintas.
Eso nos lleva a preguntarnos qué nos está pasando, pero muchas veces no nos damos cuenta porque existe muy poca información. Recién hoy hay mayor acceso, más doctores y mucha más ayuda al respecto.
Mi vida ha sido bien intensa. Partí trabajando muy chica y con muchas responsabilidades. A los 50 viví un cambio drástico en mi vida, que me llevó a darme un tiempo para mí y a pensar en cómo sanaba lo vivido.
Después comencé a entender que no era solamente mi vida. También me estaban pasando cosas físicas e internas. Eso me hizo replantearme qué quiero de aquí en adelante, qué quiero para mi vida entre los 55 y los 65 años.
También entendí que la vida es muy corta. Las mujeres, con los años, si aprendemos a querernos, comenzamos a valorarnos por cómo somos y por quienes somos. Si nos atrevemos a cuidarnos entre nosotras, vamos a ser mucho más amables en nuestro compartir y en nuestro convivir.
Vivimos en una sociedad en la que la mujer mayor ha sido muy castigada. Lo vemos en el mundo ejecutivo, en el cine y en la moda. Hoy están pasando cosas distintas. No sé exactamente a qué se debe, pero sí entiendo que la mujer está siendo mucho más valorada con la edad.
Ahí tenemos un secreto que debemos saber valorar. No tenemos por qué querer sostener una juventud física que, en realidad, no nos hace necesariamente más atractivas. Lo importante es el enriquecimiento del espíritu, el desarrollo interno, la evolución y las ganas de seguir creciendo.
¿Has sentido ese castigo por la edad?
Sí, lo he sentido, pero no tanto por el tema social. Realmente me siento físicamente distinta. Estoy más piti, me cuesta escuchar y tengo menos energía.
Al mismo tiempo, la vida me ha llevado a satisfacerme desde el lado espiritual. Me refiero a un enriquecimiento y también a comenzar a disfrutar de mi sexualidad y de mi sensualidad desde los 50 en adelante. He aprendido a disfrutar.
Cuando una es más chica está llena de deberes y quehaceres. Tiene que seguir ciertos patrones en todos los ámbitos. Hoy siento una libertad respecto de eso, que me hace sentirme mucho más conectada conmigo misma.
No sé si “empoderada” es la palabra correcta, pero sí me siento cómoda. Me siento cómoda con quien soy, con cómo me siento, con cómo veo mi sexualidad y con cómo enfrento mi vida profesional.
De hecho, me estoy reinventando con un proyecto nuevo. No hay que pensar que porque tenemos 55 años no podemos reinventarnos. Todo lo contrario. Tenemos la sabiduría, la experiencia y todas las capacidades para desarrollar algo nuevo.
También considero importante tener siempre algún proyecto en la vida. Da lo mismo cuál sea. Una puede inventárselo. Las mujeres tenemos una sensibilidad distinta, que nos enriquece y que también nos permite convivir de otra manera en pareja.
¿Cómo abordas hoy las relaciones de pareja?
Después de haber vivido, de haberse casado y tenido hijos, una busca un compañero de ruta. Alguien con quien continuar un proyecto hacia adelante.
Se vuelve difícil porque a esta edad estamos mucho más resueltas. Tenemos más independencia, desde lo económico hasta lo emocional. Por lo tanto, encontrar un compañero de ruta implica encontrar a alguien que también esté muy resuelto frente a la vida y que no le tenga miedo a eso.
Claramente me encantaría terminar la vida con un compañero, pero también siento que existe la elección de estar sola. Eso no significa estar en soledad, sino elegir un camino en solitario. También es una opción en la vida y puede ser una muy buena opción.
¿Qué buscas si llega nuevamente el amor?
Mucho sexo, de todas maneras. Si no, imagínate.
Siento que la sexualidad crece después de los 40. Las mujeres cambiamos, crecemos y nos resolvemos.
¿Crees que la maternidad o la educación que recibiste inhibieron esa parte de tu vida?
Creo que nosotras crecimos en una época en que las conversaciones eran muy tabú. Teníamos que mantener mucho silencio, ser cuidadosas con lo que conversábamos y con lo que decíamos, porque era parte de la educación.
En mi casa tenía un papá tremendamente estricto y una mamá con mucho carácter, pero las cosas nunca se conversaban. Todo ocurría por detrás. Una investigaba porque necesitaba acceder a información y era imposible conversar con ellos.
Nos educamos mediante conversaciones con amigas que, probablemente, sabían menos que una. Entre todas tratábamos de compartir información. Los temas relacionados con la sensualidad y con nuestros intereses tampoco se podían conversar mucho.
Hoy miro a las nuevas generaciones y me dan una envidia salvaje. Encuentro que tienen una libertad de conversación y de opinión que las ayuda mucho a crecer. También puede generarles inseguridad en otros aspectos, pero creo que esa libertad es muy importante para el desarrollo de las mujeres y nos permite conversar de una manera diferente.
Has estado vinculada durante toda tu vida a la belleza. ¿Cómo entiendes la belleza en la madurez?
Para mí, la belleza es simpleza. Está en cómo somos, en nuestra feminidad, en nuestra expresión, en el interés por el otro y en todo ese crecimiento interno. Eso es lo que nos hace sentirnos más bellas.
Cuando te sientes más segura respecto de quién eres, te muestras como una persona más bella. Cuando una pasa por momentos de vulnerabilidad, tristeza profunda, dolor o cuestionamientos, la actitud corporal inmediatamente toma una posición distinta. Te ves más apagada, con menos luz.
Cuando sentimos que toda nuestra historia es un aporte a nuestra belleza interna, eso es lo que mostramos hacia afuera. Comenzamos a querernos y a preocuparnos de nosotras físicamente, de nuestro pelo y de cómo nos vestimos. Todo eso se va demostrando.

Estoy segura de que la mujer, con los años, se vuelve más bella. Completamente. Tenemos mucho más que entregar y mucho más atractivo en general.
Siempre digo que, con los años, tengo que leer más y estudiar más, porque si no la vida me parece una lata. Así nos vamos convirtiendo en mujeres más completas.
¿Qué te gusta leer?
Todo, todo. Acabo de terminar de leer la historia de Julio César y me acabo de enamorar nuevamente.
Viviste un gran amor y también una pérdida. ¿Qué aprendiste de esa experiencia?
Hoy estoy muy agradecida de ese gran amor. Aprendí a amar. Me entregó crecimiento, amor, sonrisas y los mejores recuerdos de una vida en pareja.
A todas las mujeres que han sufrido una pérdida les diría que no existe un tiempo determinado para vivir el duelo. Pasamos por las etapas clásicas del duelo y es necesario vivirlas. Que no se salten ninguna y que no tengan miedo de llorar y sentir.
Al final, el tiempo ayuda. El tiempo es uno de los grandes secretos de la vida porque te va haciendo mirar las cosas de una manera distinta.
Después del duelo por una pareja puede aparecer otro proceso, el del nido vacío. ¿Cómo lo has vivido?
Quizás no soy el ejemplo clásico porque mi familia es bastante nómade. Mi hermana menor vive en Estados Unidos, mi otra hermana también vivió afuera y mis abuelos eran inmigrantes. Tengo en la genética una tendencia a irme a otros países.
Algo parecido ocurre con mi núcleo familiar. Somos puras niñitas. Lorenza se fue a vivir a Estados Unidos hace alrededor de catorce años. Es difícil porque una se pierde muchos momentos familiares. Estábamos acostumbradas a vivir en grupo, a compartir los desayunos, los almuerzos y los veranos.
Claro que hoy el sistema cambió. Tomas un avión durante diez horas y estás en otro lugar. Es como tomar un ascensor y bajarte en otro piso. Siempre tengo esa sensación del ascensor, porque me hace sentir más cerca.
He aprendido a entender y aceptar que mis niñitas son ciudadanas del mundo, un concepto del que se habla mucho hoy. Van a viajar y se van a ir. La más chica también quiere vivir un tiempo afuera y ya lo hemos conversado.
Actualmente existe una conexión mundial mucho más cercana que antes. Antes, tomar un avión era casi como vivir una aventura de Marco Polo. Hoy la gente está interconectada y las reuniones online también entregan una cercanía que antes no existía.
El nido vacío lo vivo desde hace bastante tiempo con mi hija mayor y ya estoy acostumbrada. Claramente la echo mucho de menos porque es una niñita exquisita, alegre y entrega mucha energía positiva a las personas. Una extraña eso, pero lo compensamos de otras maneras.
Tratamos de encontrarnos en distintos lugares para compartir las tres juntas. Eso me entrega una riqueza y una fuerza que creo que todas las mamás sentimos al estar con nuestros pollos en las distintas etapas. Cuando los hijos son más grandes aparecen conversaciones mucho más ricas.

Profesionalmente has pasado por el modelaje, la moda, Echinuco y hoy tienes una marca de ropa. ¿Cómo llevas esta nueva etapa?
No sé por qué en la vida me ha pasado que me planteo ciertos desafíos sin pensar en la cantidad de tiempo que voy a tener que dedicarles.
Cuando partí en el mundo de la moda era muy chiquitita. Tenía el sueño de trabajar y conseguir mi independencia económica. Siempre me ha gustado ser independiente económicamente y desde chica fui educada de esa manera.
El camino de la moda se fue dando. Trabajé afuera y fueron apareciendo situaciones que tuve que manejar.
Cuando apareció Echinuco, la intención era validar nuestra identidad nacional. En la medida en que fui viajando por distintos lugares, me di cuenta de que Chile no tenía una asociación tan clara con ciertos conceptos. Cuando piensas en Argentina, inmediatamente piensas en fútbol y asado. Hoy, cuando piensas en Chile, puedes pensar en salmón, vinos o Patagonia. Pero hace dieciocho años, cuando partí con Echinuco, no existía un concepto tan claro, al menos desde mi mirada y desde lo que investigué. Las ferias que se hacían en Chile eran muy buenas. Recuerdo Mercado Paula, pero estaba más relacionado con la comida fusión. Nadie había dado vuelta la ventana hacia lo nuestro. Echinuco marcó una diferencia en la manera de acercarnos y validar nuestra comida nacional. Todos nuestros productos tienen una identidad propia. El orégano tiene una identidad propia y los sabores chilenos son sabores suaves.
Cuando entré en ese proyecto no dimensioné todo lo que tendría que trabajar para que funcionara de verdad. Fue evolucionando y terminó muy asociado al mundo del emprendimiento.
Desde Echinuco surgieron al menos treinta empresarios. Cada año hacía un nexo comercial entre los emprendedores y el mundo del retail. Así pude introducir a muchos emprendedores en tiendas y supermercados. Hoy varios de ellos son empresarios. Eso fue muy importante.
Ahora estoy involucrada en un proyecto que me tiene muy ilusionada. Partí hace un par de años, pero de una manera muy chiquitita. Hacía una colección de pijamas, la vendía y después me daba cuenta de que estaba mal hecho. Hoy estoy más enfocada.
Tiene que ver con la experiencia propia. Si me voy a meter a la cama a dormir, quiero estar impecable, arregladita y preocupada de mí, porque es una forma más de quererse. Qué rico es levantarse en la mañana y sentirse bien vestida. Eso te entrega una experiencia de mayor comodidad en tu casa y te permite sentirte más cómoda contigo misma.
¿Qué consejo les darías a las mujeres que sienten miedo frente al futuro?
Me atrevo a aconsejarles que recuerden que la vida es una. No tenemos más que esta y no sabemos cuándo se nos puede acabar.
Les diría que tomen conciencia de quienes son, que se quieran y que se atrevan. Lo peor que puede pasar es fracasar. Es doloroso, sí, pero la vida continúa y al día siguiente podemos partir de nuevo.
Hay que sentir que la vida siempre entrega oportunidades. Hoy, mañana y pasado. Son oportunidades distintas, pero tenemos que saber sentirlas y tomarlas. Debemos sentir que nosotras llevamos el volante de nuestra vida.

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