“Los materiales que me involucran físicamente son los que me siguen atrayendo”
En su taller ubicado en pleno barrio Independencia, rodeada de materiales, obras terminadas y otras todavía en proceso, la artista nacional, Marcela Correa habla de una vida dedicada al hacer. De la piedra que permanece, la madera que sigue viva, las horas de taller que afinan la intuición y una madurez que le ha dado algo que antes no tenía: confianza y tranquilidad. “A esta edad yo lo paso muy bien”, dice.
Por Equipo Nilo
Poner un pie en el taller de Marcela Correa ayuda a entender su obra antes incluso de escucharla hablar. Hay volumen, peso, materiales que esperan una intervención y piezas que parecen estar todavía encontrando su forma. Su trabajo nunca ha sido especialmente dócil. Desde sus primeras esculturas ha explorado la piedra, la madera y el metal, incorporando después telas, papeles, resinas y objetos que desplazan los límites más tradicionales de la escultura. La escala también importa. Marcela ocupa el espacio y obliga al cuerpo de quien mira a relacionarse con él. Para ella cada material propone una manera distinta de trabajar y, también, una experiencia diferente para quien lo manipula. “He hecho muchas cosas en piedra y siempre lo he dicho, que la piedra obviamente va a vivir más que todos nosotros, y viene viviendo desde hace mucho tiempo”, dice.
La elección tampoco es casual. Al repasar su trayectoria advierte que muchas de las veces en que ha recurrido a ella ha sido para memoriales, monumentos y obras destinadas al espacio público.
“Cada material tiene posibilidades y me da distintas respuestas”, suma.
Con la madera, la relación cambia. “Trabajarla es muy extraña, tiene vida, a pesar de que no esté en el árbol, se sigue moviendo, se tuerce, se abre”, explica. Es una materia que exige cuidados, pero que también le entrega algo durante el proceso.


Marcela Correa lleva más de tres décadas desarrollando una obra marcada por la exploración de materiales y por una relación física con la materia y el espacio. Licenciada en Arte con mención en Escultura por la Pontificia Universidad Católica de Chile, ha expuesto en Chile y en el extranjero. En 1991 recibió el Primer Premio del Concurso Matisse de Escultura y en 2007 el Premio Altazor por Campana. Su trayectoria incluye exposiciones como Natural Sintético, Campana, Peso Muerto, La Difunta Correa, Corral y El santo y los chanchos, en las galerías Animal, Afa, Patricia Ready y Sala Gasco en Santiago. Además de obras públicas y diversos proyectos junto a su marido y aclamado arquitecto, ganador del Premio Pritzker de Arquitectura 2026, Smiljan Radić, realizados en países como Japón, Francia, Croacia, Italia y Reino Unido.
Para ella la obra puede entenderse desde dos lugares: cuando está terminada y empieza a relacionarse con otros, y mientras está siendo creada. “Cada material, su proceso es muy distinto, y me aporta distintas cosas”, dice.
Ese componente físico sigue siendo central en su forma de trabajar. Marcela reconoce que, pese al paso de los años, continúa eligiendo materiales y escalas que comprometen el cuerpo completo. “Los materiales que me involucran físicamente son todavía los que me siguen atrayendo, y por eso mi escala es grande. Yo no trabajo sentada, yo trabajo caminando, trabajo parada, agachada, involucro mucho mi cuerpo”, afirma.
Su obra, sin embargo, se ha ido abriendo. A la piedra y la madera se han sumado el papel, las telas y materiales de desecho, con una libertad que le permite pasar de un lenguaje a otro. No siente que exista una ruptura entre esas etapas. Más bien una obra va empujando a la siguiente.
La experiencia, dice, tiene poco de abstracto. Se construye trabajando. “La experiencia es práctica. La experiencia son horas de taller”, asegura.
Cuando comenzó, compartía espacios con artistas de distintas disciplinas y aprendía directamente de los materiales. Recuerda caminar por el barrio cargando ramas que después transformaba en cabezas gigantes. Con los años llegaron también asistentes y personas capaces de trabajar soldaduras, uniones o técnicas que ella desconocía. “Uno se enriquece, uno aprende con ellos, ellos aprenden con uno”, cuenta Marcela, acompañada de sus ayudantes Andrés Moris y Juan Paredes.

En su proceso creativo conviven dos impulsos que a primera vista podrían parecer contrarios: contemplar y transformar. La contemplación aparece de manera natural. En Vilches, donde mantiene otro taller más abierto al paisaje, puede detener el trabajo y quedarse mirando la cordillera. En Santiago hace algo parecido. “Me pongo a trabajar en algo y necesito descansar de ese algo y, ¿qué hago? Miro lo que ya está más hecho. Y ahí le encuentro la belleza o el defecto”, dice.


Después viene la transformación
“Me interesa transformar, torcer. Con muchos materiales me considero bastante barroca porque me gusta torcer y dar vueltas”, explica. Con la piedra sucede algo distinto, “no me gusta tocarla mucho”, aclara.
Esa relación con la materia ha acompañado toda su carrera. En exposiciones como Corral, presentada en Galería Patricia Ready en 2016, trabajó con madera de espino, ónix, granito y fieltro. En El santo y los chanchos, de 2023, reaparecieron la madera, la piedra, la resina, la tela y el papel encolado. Los materiales cambian, pero permanece esa necesidad de intervenirlos, tensionarlos y descubrir hasta dónde pueden llegar.
Parte importante de su trayectoria se ha cruzado también con la de su marido, Smiljan Radić. Han desarrollado proyectos conjuntos durante años, desde El Niño Escondido en el Pez, presentado en la Bienal de Venecia de 2010, hasta Drops, en Croacia, además de colaboraciones internacionales vinculadas a Alexander McQueen.

Para Marcela trabajar cerca de Radić, resulta estimulante por su mirada exigente. Con los años incluso ha descubierto coincidencias que surgen sin buscarlas: maneras de pensar o materiales que aparecen simultáneamente en los proyectos de ambos. “Nos opinamos harto”, dice.
Hoy atraviesa un período especialmente activo. Durante octubre participará en una exposición colectiva en Matucana 100, curada por Camilo Yáñez. En noviembre será parte de una muestra colectiva en 54 Gallery, en Mérida, México. En abril del próximo año presentará trabajos en vidrio en Casa Yali, en Venecia, y un mes después expondrá junto a Smiljan Radić en el MAXXI, Museo Nacional de las Artes del Siglo XXI, en Roma. Más adelante, en marzo de 2028, compartirá una exposición con la artista Mariana Silva en Galería Patricia Ready.

Pero más que la agenda, le interesa el momento creativo en el que se encuentra. “Estoy súper cómoda, muy contenta de las cosas que he hecho. Sigo confiando en ellas”, concluye.

